7 de mayo de 2009

BARCELONA A LA FINAL



Increíble. Imposible. Infartante final se vivió en Stamford Bridge. Cuando todo parecía preparado para que se reviviera la final de la Champions League 2007/08, cuando faltaba un suspiro solamente para que el Chelsea se volviera a encontrar con el Manchester United en búsqueda de revancha, un zapatazo infernal de Iniesta cambió todos los títulos, prendió fuego Fulham Road y puso al Barcelona en el último escalón, en la finalísima de Roma. En el partido que menos lo mereció, en el que más desangelado se mostró, el Barcelona, el que mejor fútbol juega en el planeta, con la soga al cuello y con un jugador menos, sacó el pasaje para la cita definitiva por Europa.



Fue una de las producciones más tenues del equipo de Guardiola en la temporada, no le salió casi nada. Nada, excepto esa bomba salvaje que soltó Iniesta. Si hubiera dependido únicamente de los 90 minutos que se jugaron en esta vuelta, el Barcelona no merecía pasar. Porque aunque lo intentó, no desarrolló ese fútbol mágico de paredes y desequilibrio extremo, no encontró espacios, no le causó mayores inconvenientes a Cech y hasta contó con la ayuda de las malas decisiones arbitrales de Henning Ovrebo, que no vio los penales cometidos por Dani Alves (falta adentro del área contra Malouda) y Piqué (mano clara). Estuvo 84 minutos afuera de la final y entró de la manera menos pensada, in extremis, con ese misil que nada tiene que ver con el habitual juego asociado que despliegan Messi, Xavi, Iniesta, Eto´o y compañía. La estrategia de Hiddink lo absorbió todo, apenas permitió esa última filtración.



El Chelsea le planteó un jeroglífico en estos 180 minutos de semifinal que el Barça no pudo ni supo resolver, no al menos con sus herramientas convencionales de construcción. Muchos podrán decir que Guus Hiddink terminó pagando su falta de ofensividad, luego de su planteo ultraconservador en el Camp Nou y su nueva estrategia de asfixia combinada con un filosísimo despliegue a la hora de golpear en su propia casa. Los culés tuvieron plena posesión de la pelota, pero la hicieron circular de acá para allá sin profunidad, las chances certeras fueron de los blues y las salvadas heroicas fueron de Víctor Valdés, y no de su par checo, figura una semana atrás.

Iban 9 minutos y Essien quebró el encuentro con un golazo, una volea tremenda de zurda, su pierna menos hábil, para fusilar desde afuera del área a Valdés, quien todavía tenía las manos frías y no contaba con intervenciones. El resto del choque fue ver algo similar a lo actuado en el Camp Nou, pero con un Chelsea aun más concentrado y fortificado para poner tres soldados por cada efectivo blaugrana, con efectividad pura para tapar cada espacio y d
estruir el circuito generador del Barça. Eto´o fue un fantasma, ni rastro del camerunés, y ni el Cerebro ni La Pulga pudieron rebelarse contra la muralla Bosingwa-Alex-Terry-Ashley Cole-Essien-Ballack. Encima Daniel Alves (se pierde la final por tarjetas) fue una sombra del puñal que suele ser por la derecha, perdió siempre los duelos contra Malouda y lo único que logró fueron centros malos para nadie, que, además, poco iban a servir contra semejante potencia área.



Drogba solito complicó al fondo visitante, que acusó las bajas del lesionado Rafa Márquez y el sancionado Puyol -jugó Yaya Touré de zaguero improvisado-. El atacante marfileño se filtró seguido y pudo definirlo: dejó humillado a un desesperado Piqué que venía a taparlo, pero le faltó convicción para batir a un destacado Valdés, hombre clave para sostener el partido. La expulsión de Abidal por tocar a un Anelka que se marchaba directo contra el arco ponía el panorama más oscuro. Todo parecía perfectamente atado por un Chelsea que nunca abandonó su filosofía de defensa y hasta contaba situaciones para rematar a su rival. Y el control parsimonioso que el Barça tenía sobre la pelota no hacía pensar que el milagro llegara a ocurrir. Pero esto es fútbol, donde existe la famosa dinámica de lo impensado, y por eso hubo un tiempo agónico para que a los 93 cayera el baldazo del Oficinista (como lo bautizó Menotti), para replicar, con el mismo modus operandi, lo hecho por Essien en el primer tiempo. Fue la única entrada para tirar abajo el fuerte inglés.


Un premio que el Barcelona se merecía por su actitud durante una temporada entera, en la que aplastó a sus rivales y lo hizo con un juego apoteósico. En Roma se podrán encontrar con el Manchester United, que buscará retener su corona para hacer historia, y se verá en vivo y en directo el duelo Messi vs. Cristiano Ronaldo, para también definir quien es el mejor jugador del mundo en la actualidad. A mí parecer, la final con los protagonistas que más lo merecen, los combatientes más duros y poderosos que tiene el mundo en este momento.



Gracias a Juanpi Veli de "Vale Chumbar" por dejarnos usar su cronica, en una situación de emergencia para nuestro blog.



3 motivaciones:

Kun dijo...

Por qué no jugó Henry?

Devo dijo...

@ Kun:

Por lesion, un golpe con Sergio Ramos en el partido contra el Real Madrid

El_Acertijo dijo...

Tenemos a Devo, experto en futbol Europeo! y colaborador externo! jaja!