

Porque lo merecía desde el partido con Huracán, porque tiene un técnico capaz, porque los jugadores entendieron el momento que vive el club y porque tiene una hinchada que acompaña en las buenas y en las malas; River dejó atrás la histórica racha de 17 partidos sin triunfos como visitante, y venció 2 a 1 a Argentinos Juniors, en el DAM.
Estaba a la vuelta de la esquina, el hincha lo sabía. El técnico trabajaba para ello y los jugadores aportaban lo suyo en el campo. La victoria, ese bien tan preciado cuando no se tiene y tan efímero cuando sólo adorna un puñado de puntos en la tabla, es un calmante a los nervios y la desolación de no poder plasmar en la cancha un estilo de juego y con ello sumar sucesivas derrotas, o empates.
Antes que terminara el encuentro, parado en la popular visitante, me convencía del excelente trabajo táctico que planteó Astrada, un técnico que dejó los nervios y las ansiedades de su primer paso por River para convertirse en un serio proyecto de gran entrenador. Desde que llegó al club lo primero que hizo fue trabajar diferentes sistemas tácticos durante la semana, no casarse con ninguno y pensar reflexivamente cada rival y con ello diagramar un esquema de partido.
Del encuentro frente a Argentinos Juniors queda por decir que el Negro paró un equipo ordenado en defensa, equilibrado en el medio y contragolpeador arriba. La presión ejercida en todo el campo le permitía recuperar rápido la pelota e intentar jugar en una cancha cuyas dimensiones no están hechas para el Tiki-tiki. Las oportunidades llegaban una detrás de otra y tuvo que ser Buonanotte quien luego de una excelente asistencia de Ortega sentenciara el primer tanto del encuentro.
En el complemento River no pasó mayores sobresaltos y salvo algunas desinteligencias en defensa se notaba que el partido estaba controlado y el segundo gol al caer. Mauro Díaz (proyecto de crack en serio) se puso la pilcha de conductor, que le queda perfecta, y asistió al olvidado Mauro Rosales quien marcó el segundo tanto para el delirio de la tribuna visitante, que fue más local que nunca.
Faltaba el tanto de Ortigoza por la vía de penal, y algún susto propio de un equipo que se mandaba por entero al ataque en una cancha de metegol. Beligoy, de regular arbitraje, pitó el final del encuentro y dio por terminada dos rachas: la de los 17 partidos sin ganar en condición de visitante, y la de ser el único grande que no ganó luego de la remodelación del Estadio Diego Armando Maradona.
Nacho Rocca
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